Los créditos para autos crecen tres veces más que para vivienda

 

Durante este año, los préstamos prendarios subieron 50,1% respecto a un año atrás; los personales, 36,6% y a través de tarjetas de crédito, 51,7%.

Las líneas para comprar inmuebles se elevaron 16,3 por ciento. Esa dinámica se advierte en la venta de autos, como en gastos de esparcimiento. Alentados por una tasa de interés que se ubica muy por debajo de la percepción de inflación por parte del público y por la mejora de los ingresos de gran parte de los sectores asalariados en blanco a un ritmo que casi triplica al costo del dinero, los bancos han logrado en los últimos doce meses revitalizar el crédito como fuente impulsora del consumo.

Y si bien también se mantiene en ascenso la masa de préstamos con garantía hipotecaria, esencialmente destinada a la compra de la vivienda o de otro bien inmueble, como un terreno o una cochera, lo están haciendo en una magnitud que apenas supera el efecto del devengamiento de los intereses.

De ahí la alta brecha que se observa mes a mes entre la tasa de aumento de la venta de automotores como de departamentos y casas, tanto nuevos como usados.

Este proceso fue alcanzado merced a la combinación de dos factores: la tonificación de los depósitos en los bancos, que el Banco Central calculó en 35,2% en el total correspondiente al sector privado en pesos y 60,9% en el del sector público, también en la moneda nacional, y en la cautelosa toma de préstamos del agregado de los gobiernos nacional, provincial y municipal, que posibilitó dejar amplia liquidez para canalizarla a los privados.

Preferencia por el corto plazo

La tasa promedio de un crédito personal fue, según las últimas estadísticas del Banco Central, 29,3% anual, un par de puntos más para el financiamiento a través de una tarjeta de crédito, 17,6% para un prendario y 13,9% anual para el hipotecario.

De ahí surge que los consumidores mantienen una alta inclinación por el endeudamiento de corto y mediano plazo, y muestran más cautela para las operaciones de más larga maduración.

La mala noticia es que se podría estar «inflando» la burbuja del consumo, en particular de compra de autos, porque podría explotar en un escenario en el que el costo del dinero suba al ritmo de la inflación o de los salarios, o que la suba de éstos descienda al de las tasas de interés.

Semejante brecha no aparece en el caso del mercado inmobiliario, ya que se observa una dinámica acotada en la venta de departamentos y casas, dado que prevalecen las operaciones pactadas al contado, con uso de ahorros en activos externos u otras colocaciones financieras.

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